miércoles 8 de diciembre de 2010

"No hay más que hoy"


Rent, la afamada obra de Broadway, se estrenó en Lima con gran éxito. Un grupo de jóvenes bohemios lucha contra el sida, las drogas y la marginalidad en la Nueva York de inicios de los 90's. Sus mejores armas: la música, el amor y el deseo de vivir.

Tras la caída del Muro de Berlín, los que soñaban con un mundo mejor quedaron desamparados. El 9 de noviembre de 1989, mientras los alemanes de los puntos cardinales opuestos celebraban que en su país ya no habría barreras físicas ni ideológicas que los separaran, Francis Fukuyama anunciaba El Fin de la Historia: la lucha de ideologías había llegado a su fin, y el neoliberalismo se impondría en el futuro.

Algo tuvo de razón, pero no del todo. A 6.373 kilómetros de distancia de Berlín, conviven dos modelos contrapuestos en Nueva York: el capitalismo salvaje de los brokers de terno azul de Wall Street, que predicaba Fukuyama; pero también el otro lado, ese refugio de la bohemia conocido como East Village y su emblemático vecindario Alphabet City, hogar de seres errantes como Mark, Roger, Mimi, Tom, Angel, Maureen, Joanne y Benjamin.

Ocho jóvenes que saben que no hay más que hoy, pues les ha tocado vivir una época de transición entre una década superficial y monótona (80’s) a una crítica y de vuelta a las raíces del hippismo (90’s). Un periodo donde se entremezclan los conflictos de la sociedad como el sida, la pobreza y las drogas con los conflictos personales como el desamor, el bloqueo creativo, la adicción, la homosexualidad y el miedo a la muerte.

Corazón de la ciudad

Esta es, a grandes rasgos, la trama de Rent, ópera prima del compositor y dramaturgo neoyorkino Jonathan Larson, basada en La Bohème, de Giacomo Puccini, pero también en su propia vida: él, al igual que sus personajes, había convivido en un loft sin calefacción, con una bañera en medio de la cocina y un timbre malogrado. Las visitas llamaban del teléfono público y les arrojaba las llaves desde la ventana.

“Papá, envíame dinero porque estoy escribiendo la gran ópera americana”, le dijo a su progenitor, mientras trabajaba como mozo en el Moondance Diner los fines de semana y trabajaba en sus musicales el resto de días. Tras siete años de intensa actividad creativa, de aciertos y errores, Jonathan no viviría para ver su obra en ese Hollywood del teatro llamado Broadway.

En la víspera del 25 de enero de 1996 –curiosamente, el aniversario Nº 100 de La Bohème– estaba muy nervioso. Una aneurisma de aorta le tumbó mientras se preparaba un té en casa. Murió. Al día siguiente, fue el estreno de Rent que, tras 12 años en las tablas, 4 Premios Tony, 1 Premio Pulitzer, 5.124 funciones, 10 millones de espectadores, 1 película y US$ 280 millones en recaudación, cerró su producción en septiembre de 2008.

Estreno en Lima

El boom del teatro que vive Lima desde hace algunos años se refleja en la mejora de todo el engranaje dramatúrgico, especialmente a nivel de producción, dirección y actuación. Algunas peruanas, otras adaptaciones, lo cierto es que nombres famosos como Cabaret o La Jaula de las Locas han recorrido sus carteleras con gran éxito de público. Rent también se subió a la ola artística del 18 al 28 de noviembre.

“Mi objetivo en esta oportunidad es contar una historia real, lejos de la ficción”, refiere su director, Doménico Poggi, en el programa de la obra. “Nuestro gran reto fue encontrar el mix artístico idóneo para Rent y que cada personaje sea parte de un engranaje perfecto para cumplir con nuestra misión: contar una historia y transmitir diferentes emociones a nuestro público”.

A medida que las luces se apagaban, también lo hacían las cientos de voces para dejar paso al silencio sepulcral en el teatro Luigi Pirandello. Un solo escenario, 16 actores y una banda en vivo, nos trasladan a ritmo frenético de rock a ese pedacito bohemio de Nueva York. El juego de las sombras a la luz y viceversa impregna más el existencialismo de la trama, así como el sentido de vida que trata de encontrar cada uno de los personajes.

Roger (Marco Zunino) es un músico cuya prometedora carrera se vino abajo por su adicción a la heroína y el suicidio de su novia April, tras descubrir que portaba el VIH. Aunque se siente atraído por Mimi (Tati Alcántara), una bailarina de club nocturno, la rechaza porque las heridas aún no cierran. Mientras graba un documental sobre sus amigos, Mark (Gabriel Anselmi) se debate entre la vocación artística y el éxito comercial.

La contestataria Maureen (Karina Jordán), acaba de dejar a Mark por una abogada de Harvard, Joanne (Fiorella Rojas). Ambas tendrán que encontrar un balance entre el deseo de libertad de la primera y la necesidad de controlar de la segunda. Tom (Gustavo Mayer), un profesor de filosofía expulsado tras plantear teorías “vanguardistas”, luego de ser asaltado es socorrido por Angel (Jeffrie Fuster), un simpático drag queen, y se enamoran.

El antagonista es, por supuesto, el yuppie. Benjamin (Renato Medina), abandonó a sus mejores amigos y a sus ideales para casarse con la hija de un millonario. No solo ha faltado a su promesa de dejar vivir a sus antiguos compañeros en el loft, sino que pretende desalojarlos para construir un moderno centro tecnológico. He ahí que una de las canciones transmite ese temor: ¿Cómo vamos a pagar la renta?

Reyes de la noche

Si bien aquí no existen divisiones geográficas marcadas que separan a estos estilos de vida opuestos, algunos nexos nos recuerdan que la bohemia es universal y que la cultura underground sigue luchando por preservar su identidad entre la masa y frente al mercado. Mientras Trujillo se va amoldando con el buen momento económico, aún subsiste esta suerte de templos a donde los contraculturales acuden religiosamente los fines de semana.

Todo empezó con El Beso Fugaz. Hacia fines de los 80’s y principios de los 90’s, fue punto de reunión de múltiples corrientes fuera del status quo como el viejo punk y el new wave. Pero, como dice su nombre, el local de la avenida César Vallejo desapareció al poco tiempo y le cedió la posta al Chaska Rock Bar. Artistas plásticos, poetas, músicos y simples melómanos encontraron allí a un escape de la conservadora sociedad trujillana.

Luego de mudarse –como en un juego de ping-pong eterno– entre tres casonas del centro histórico, desapareció en el 2010 porque gran parte de su público fetiche se sintió defraudado por los cambios estilísticos que experimentó el viejo reducto. Pero el disfraz de camaleón no resultó ni para lo uno ni para lo otro: las nuevas generaciones preferían el establishment y los fieles seguidores se sintieron traicionados.

Bohemios no hace honor a su nombre. Y es que los que allí se reúnen no son como los personajes de Rent, que anteponían sus ideas al bienestar personal. Este bar ofrece sólo una ilusión para los que buscan liberarse del estrés, pero no es su culpa. En nuestra época, ser bohemio es tarea difícil y que pocos se atreven a seguir. Aunque, quedará para la posteridad la filosofía de esta afamada obra neoyorkina: un año son 525.600 minutos. Vivamos al máximo.

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