Que una señorita de una tradicional familia de Lima, que una agraciada y talentosa bailarina reconocida en el medio artístico de la capital, haya formado parte del sanguinario grupo terrorista Sendero Luminoso, y escondido en 1992 a Abimael Guzmán, entonces el hombre más peligroso del Perú, resulta casi imposible de creer. Esta es la paradójica historia de Maritza Garrido Lecca.(Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser)
En la segunda fotografía resulta difícil de creer que sea la misma bailarina. Lo es y no lo es. Ahora lleva el pelo suelto, pero se le nota maltratado y opaco. Viste un traje de preso que parece copiado de una caricatura: polo y pantalones anchos, adornados con rayas horizontales en blanco y negro, con un número grabado a la altura del pecho. Está más pálida que nunca, su piel teñida con un tono amarillento, como si estuviera enferma. O como un fantasma, un débil rezago de lo que alguna vez fue. Tiene la barbilla alzada, la expresión altiva, como si el orgullo fuera un escudo impenetrable contra la humillación de ser presentada como terrorista ante el país y el mundo. Ya no impacta su sonrisa, la que lleva a medias, sino su mirada. Es una mirada desafiante, que pareciera ser avivada por un fuego interior de odio y fanatismo, una mirada que perturba a pesar de que ahora está apresada.

La vida de Maritza Yolanda Garrido Lecca Risco era una de esas que transcurría con aparente normalidad. Nació dentro de una familia de clase media alta, muy bien relacionada dentro de los círculos artísticos y culturales de Lima. Era la menor de cinco hermanos hombres, y la más engreída por sus padres. Estudió en el colegio Sophianum, de San Isidro. Las madres del Sagrado Corazón educaban a las señoritas bajo una estricta formación católica, una devoción que se acentuó en Maritza por el ambiente de ortodoxa religiosidad que vivía en casa. Así, creció una chica inteligente y estudiosa, la primera en apoyar las obras de proyección social. En secundaria formaba grupos de reflexión, que se reunían en los recreos para conversar sobre temas de actualidad. Pero también creció una chica atractiva con suerte en el amor, que conquistaba a los chicos con su natural dulzura y serenidad.
Desde pequeña, Maritza supo cuál iba a ser su destino. Rodeada de un exquisito ambiente artístico, le fue fácil dar sus primeros pasos… pero de bailarina. Ingresó al Ballet de Miraflores, donde sus maestros reconocieron su talento y le propusieron que pensara en el baile como futuro profesional. Después se integró al Ballet Nacional y completó su formación. Ya en su juventud quizá anhelaba una libertad que la rigidez y disciplina del ballet clásico no podían ofrecerle. Así, se interesó por la danza contemporánea y, por intermedio de su prima Maureen Llewellyn Jones, se unió al grupo “Danza Lima”. Mientras tanto, se graduó con honores de la carrera de Educación de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Se casó con el publicista de origen judío Saúl Mankevich, que curiosamente estuvo vinculado con Vladimiro Montesinos durante el régimen fujimorista. Pero el matrimonio no duró mucho.

El Perú en los 80’s era lo más parecido a un panorama caótico. A la peor crisis económica de nuestra historia se sumaba una guerra silenciosa entre el Estado y Sendero Luminoso, una lucha cuyos latidos se sentían con desgarradora fuerza en la sierra. Aunque las vibraciones también llegaron a la costa, no pudieron romper el hielo que se había formado con la indiferencia y la frialdad de sus habitantes, especialmente de los sectores medio y alto. Porque esa guerra no les pertenecía: era del lejano mundo de los Andes.
Mientras en Lima aparecían perros callejeros colgados en los postes, emergían las pintas comunistas en las paredes, estallaban los coches bomba y las noches sin luz se volvían eternas, Maritza Garrido Lecca se presentaba en los mejores escenarios de la capital. Había demostrado su gran capacidad técnica y expresiva en varios montajes, especialmente en “Siete solos para seis bailarinas”. Sin embargo, la joven bailarina tenía otras aspiraciones más allá de la fama y el éxito. Las ideas de izquierda bullían en su cabeza, tan fuertes que sentía que iba a explotar en cualquier momento. Deseaba enviar un mensaje político a través de la danza, por ello prefería los personajes con los que mejor se identificaba: los inconformistas. Como el de Magdalena, una mujer de 29 años que se rebelaba a las imposiciones de su estrictísima madre Bernarda. Eso fue en 1986, cuando participó en el cortometraje “Estigma”, una adaptación libre de “La Casa de Bernarda Alba”. Luego vendría “Hexagrama”, montaje que analizaba las consecuencias de la violencia extrema, la represión y la inestabilidad económica. Pero estas ideas no eran compartidas del todo por los compañeros de Maritza, quienes no lograran percibir las señales de que la bailarina se adentraba cada vez más en un camino oscuro y sin retorno.
Además de su trabajo como bailarina, Maritza trabajó como profesora en el colegio Los Reyes Rojos, de Barranco, pero también en otros de zonas populares. Quizá el contacto cercano con la cruda realidad del Perú, aunado a su sensibilidad artística, alimentó aún más sus pensamientos revolucionarios. Poco después conocería al que sería el hombre más importante de su vida: Rafael Dávila Franco-Cavero, poeta y estudiante de Biología de la Universidad Agraria La Molina. Para Maritza era un joven guapo, de barba larga y sonrisa franca, que la cautivaba con los versos que le dedicaba. Para la policía era un “intelectualoide ligado al MRTA”.
Era 1987. La bailarina y el poeta se mudaron juntos. La pareja frecuentaba “Kloaka”, grupo poético que buscaba cambiar la sociedad para hacerla más justa. Pero no era lo único que Maritza visitaba. Una mañana, el coronel PNP Marco Miyashiro la vio conversando con un hombre llamado Francisco Miranda. Estaban en la puerta de una imprenta clandestina de Jesús María, donde se imprimía propaganda subversiva para el MRTA. Le tomaron varias fotografías y la ficharon. Ese mismo año, su grupo de danza viajaba a Barcelona para presentar “El Río”, basado en el poema homónimo de Javier Heraud. La bailarina se disculpó y les explicó que no podía ir, porque viajaba a Cuba a seguir un curso de Educación. Pero todo parecía indicar que no era el único motivo de su viaje.
Cuando regresó a Lima, conoció al ingeniero Carlos Incháustegui Degola. Ni su familia ni sus amigos podían comprender como una mujer bella, inteligente y apasionada pudo fijarse en un hombre áspero y frío como él. Lo cierto es que se casaron, se fueron de viaje al Cusco y Maritza volvió muy diferente. El cambio más evidente fue en su forma de vestir. Dejó los jeans desteñidos, el pelo suelto y el look bohemio por uno mucho más recatado: blusas, faldas a la rodilla y moños ajustados.
- Es que trabajo en una agencia de traducción.- era su excusa.
La metamorfosis se acentuó paulatinamente cuando empezó a faltar a los ensayos, se alejó de su familia y disminuyó su vida social. Poco a poco se fue encerrando en su perturbado mundo, uno donde sólo existían Sendero Luminoso y ella.

Su hirsuto y poblado bigote negro se movía ligeramente mientras revisaba la evidencia. El entonces comandante PNP Benedicto Jiménez y el recién creado Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) acababan de allanar una casa en Monterrico conocida como “El Palomar”. Era el 31 de enero de 1991 y allí fue donde encontraron lo que parecía ser el archivo central de Sendero Luminoso: obras de arte inspiradas en batallas y guerrilleros senderistas, documentos firmados por Abimael Guzmán, cartas, archivos informáticos, agendas con los teléfonos y direcciones de los dirigentes, y el famoso video en donde se ve a los miembros del Comité Central bailando con la música de “Zorba, el Griego”. El comandante Jiménez tenía sentimientos encontrados. Estaba satisfecho por el hallazgo, pero una vez más Abimael Guzmán se había escapado. A pesar de ello, habían capturado a Nelly Evans Risco, ex – monja, educada en uno de los colegios más exclusivos de Lima y encargada de dar refugio al líder terrorista. Era tía de Maritza Garrido Lecca. La policía afirma que al ser capturada, la sobrina y su esposo asumieron sus funciones.
Siguiendo esa pista, los agentes del GEIN llegaron el 27 de julio de 1992 a una casa de Surquillo, ubicada en el 459 de la calle Uno, urbanización Los Sauces. Allí vivían Carlos y Maritza, que fueron apodados los “Lolos”. En el primer piso, Maritza tenía su academia de danza, frecuentada por sus alumnas, amigas del jet-set limeño y compañeras de baile. Carlos salía temprano todos los días cargando una mochila y sus planos bajo el brazo. Era la fachada perfecta hasta que cometieron un grave error. Los agentes revisaron las bolsas de basura provenientes de la casa. Eran demasiados residuos para dos personas. También encontraron cajetillas de cigarrillos Winston Life e Yves Saint Laurent. Ni Carlos ni Maritza fumaban. Según sus datos, eran las marcas preferidas de Abimael Guzmán y de Elena Iparraguirre, cabecillas de Sendero Luminoso.
Dos enamorados habían pasado casi todo el día del 12 de septiembre besándose y abrazándose en una bodega frente a la casa de Maritza Garrido Lecca. Eran los agentes Gaviota y Ardilla, que en realidad no necesitaban actuar porque eran novios de verdad. Estaban nerviosos y entusiasmados: había llegado el Día D. Cerca de los 8:45 de la noche, escucharon el golpe metálico de la puerta al abrirse. Ardilla intercambió una mirada rápida con Gaviota:
- Ahora es. ¡Prepárate!- dijo, mientras desfundaban sus revólveres.
Los primeros en salir fueron Celso Garrido Lecca, tío de Maritza, con su novia, la bailarina Patricia Awapara. Los esposos los estaban despidiendo, cuando vieron aproximarse a un hombre y una mujer vestidos de civiles, apuntándolos con sus armas. Carlos se abalanzó sobre Ardilla y trataba de quitarle el arma. Maritza gritaba a todo pulmón:
- ¡Qué pasa! ¡Nos asaltan! ¡Qué buscan ustedes!
La bailarina sabía que la policía los había encontrado, y sus gritos de fingida confusión eran para alertar a los que estaban en el segundo piso. Gaviota alzó el brazo y disparó al aire. El sonido paralizó a Carlos. Los agentes redujeron a los cuatro y Gaviota se encargó de llevarlos a la sala. A Maritza la tiró boca abajo, le puso un cojín encima, le vendó los ojos y le amarró las manos. Como sus compañeros se demoraban, Ardilla subió solo al segundo piso. Temblaba de pies a cabeza cuando encontró a Abimael Guzmán, sentado tranquilamente en un sillón con el televisor encendido, rodeado por Elena Iparraguirre, Laura Zambrano y María Pantoja, la cúpula de Sendero Luminoso.
- Está bien, muchacho, ya perdí.- le dijo Guzmán al agente que lo apuntaba con su revólver.
“¿Alguna vez ha permanecido, aunque sólo sea por un momento, en un cuarto tan pequeño que le impida mover su cuerpo normalmente? Ahora, ¿se imagina qué significa esto para una persona que naturalmente se expresa a través del movimiento al punto que ha hecho de él su profesión y modo de vida?”. Maritza Garrido Lecca describe así su vida en la primera parte del libro “Libertad para Danzar”, que escribió en el 2005 desde su celda de máxima seguridad en el penal Santa Mónica.
Después de su captura en 1992, la bailarina pasó quince días en la sede de la DINCOTE y finalmente llevada a una base militar en La Joya (Arequipa). Encadenada a una silla incrustada en el piso, fue sometida a un juicio castrense en una sala rodeada de espejos que le impedía ver los rostros de los jueces. Un soldado la apuntaba directamente con su fusil, mientras leían su sentencia:
- Cadena perpetua por Traición a la Patria.
- Porque es una dirigente en potencia.- agregó otro.
- ¡Entonces encierren a los niños!- exclamó Maritza, iracunda.
En el 2005, el Poder Judicial inició nuevos juicios contra los senderistas. Maritza recibió veinte años. La verdad sobre el papel de la bailarina dentro de Sendero Luminoso permanece como una incógnita. Ella repite el mismo argumento: que no sabía nada y que no existen pruebas concretas en su contra. Según Benedicto Jiménez, existen fotografías y videos que la incriminan, y afirma que Maritza se encargaba de organizar las reuniones del Comité Central, de recoger documentación del extranjero, hacer llamadas a los contactos desde cabinas públicas y traducir documentos del inglés al castellano. Por otro lado, Óscar Ramírez Durand, jefe militar de Sendero Luminoso, dice que ella era alguien sin importancia, pues nunca estuvo presente en una sesión oficial, solo en celebraciones o reuniones sociales. Lo único cierto es que está bailando en la oscuridad.







11 comentarios:
Excelente!!!
Te salió una nota de lujo! I'm proud of you!
woww q tal articulo... me dejaste anonadado... tienes un potencial enorme y un don tan especial q te permite realizar cosas como estas...
Dejame decirte q soy un gran admirador de tu talento =)
FELICITACIONES!!!!!!!
chevere buena vida de la chica
Creo que son pocos los periodistas que tienen tu talento, has hecho un perfil exacto de como era Marissa, y tu redacción es cuidada y entretenida.... te felicito...
te felicito bien 1ª en el concurso de cuentos.........publica tu cuento el muro gracias seguire chequeando tu blogs
Hola, antes que nada, quiero felicitarte por haber obtenido el Premio de la Feria del Libro de Trujillo. Yo lo gané el 2007 y tuve la oportunidad de conocer tu ciudad. Buenos tus artículos. Sigue adelante, y nuevamente mis felicitaciones.
Harol Gastelú Palomino
Gerardo, que también fue mi profesor, tiene mucha razón con que sólo se hace justicia hacia quienes pelean contra el sistema, generalmente, como en este caso, totalmente confundidos. Los que están dentro de él y se alimentan de él, nutriéndolo en una espécie de simbiosis cancerígena y son igualmente destructivos, avasalladores e inmorales pasan a ser casi ejemplos de audacia en este mundo patas arriba.
Muy interesante Andrea. Te felicito por la investigación.
Mucha gente supuestamente intelectual y bien educada quería o decía combatir al capitalismo. Y celebraban cada golpe de una supuesta "revolución" del "pueblo".
Muchos desubicados y desubicadas mordieron el anzuelo y creyeron que asesinando autoridades civiles y militares, apagando la luz, secuestrando y estallando coches bomba el país saldría del hoyo hacia...¿hacia qué?
Espero que ninguna imite a Maritza Garrido Lecca, salvo en el baile.
***EN LA DANZA, POR SUPUESTO... DE LLEVAR ZAPATILLAS DE BALLET A INTEGRAR UNA "REVOLUCIÓN" SÓLO HAY UN PASO... ME ENCANTÓ EL ARTÍCULO***
SUERTE
MIROMA ROIG
QUISIERA, DECIR QUE TODO SER HUMANO PUEDE EQUIVOCARSE EN LA VIDA.
PERO MIENTRAS TENGA VIDA LA PERSONA PUEDE CAMBIAR TOTALMENTE.
QUISIERA MANDAR UN MENSAJE PARA MARITZA. DE PARTE DE SANDRA GARRIDO TUESTA. MI CORREO: vencedora3_5@hotmail.com
Saludos! ... bueno yo entraba para poder confirmar del origen social de Maritza y asi poder argumentar un trabajo que tengo que presentar en la universidad, me gustaria poder contacatarte mas adelante para trabajos futuros ... te felicito ... vine por una cosa sali con 1000 cosas mas ...
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