viernes 12 de septiembre de 2008

Clubes Trujillanos

¿Para qué fundan clubes los seres humanos? ¿Para diferenciarse de quienes no pueden acceder a ellos o para hacer más entretenidas sus vidas? Un recorrido por los tres principales clubes de Trujillo nos descubre parte de una historia olvidada.

Pareciera ser que los clubes fueron creados con un solo propósito: unir al hombre con otros hombres, para apoyarse unos a otros mientras lidian con una carga tan pesada como la soledad. Es como un feedback de compañerismo, digamos. Ya los había en los tiempos remotos: cazadores, pescadores, recolectores, entre otros; en Roma y Grecia existían grupos que se enfrascaban en juiciosos debates sobre filosofía, metafísica y política. Pero la palabra “club”, como la institución que promueve la amistad y la socialización entre sus miembros, recién se hizo popular en Inglaterra a mediados del siglo XVII con la introducción de los coffee houses, puntos de reunión para las tertulias literarias y para, de paso, criticar despiadadamente a la corona británica. Así, los clubes, como las personas que los conforman, son mundos individuales que han ido multiplicándose hasta convertirse en una suerte de universo de infinitas posibilidades. En Trujillo los hay, y muy tradicionales.
Es un lunes, día ideal para un tradicional shambar en el Club Central, pero todavía no es hora de almuerzo. Un voraz sol de mediodía eleva temperaturas y rememora los estragos del calor del pasado verano. En el patio, las mesas rodean a la fuente de agua. Un grupo de elegantes señores beben pisco sour y fuman a raudales, mientras se carcajean con un chiste sobre un político peruano. Una nube de humo gris baila sensualmente sobre sus cabezas. Más allá, una pareja de treintañeros en pleno flirting intercambia mimos y besos fugaces. Él, rubio y parecido a Heath Ledger, tiene la mirada perdida en ella, espigada y con un aire a Kate Moss. Un mozo, inmaculado, con su uniforme blanco de botones dorados, se acerca a tomar el pedido. No podríamos referirnos al Club Central sin antes hablar de su sede: el Palacio Iturregui. Edificada a mediados del siglo XIX, perteneció al general lambayecano Don José Manuel Iturregui y Aguilarte. Este prócer de la Independencia encargó a diversos artistas de Europa y América Central la construcción de su pomposo hogar. Él les entregó un terreno de 3350 metros cuadrados y ellos le devolvieron un palacio neoclásico de cuarenta y tres habitaciones, dos patios, dos salones principales, decorado con laja arequipeña, mármol, pan de oro, arañas de cristal, finos tallados en madera y las tradicionales ventanas coloniales de fierro fundido. El 15 de noviembre de 1895 se fundó el Club Central. Su primer presidente fue Don José Ignacio Chopitea. Desde entonces, para integrarse a este club es requisito ser presentado por un socio activo; luego, si los trece miembros de la Junta Directiva lo aprueban, se paga una inscripción de dos mil quinientos dólares. La cuota varía de acuerdo al tipo de socio: ciento veinte soles mensuales para los socios activos, doscientos cuarenta soles anuales para los socios ausentes (viven fuera de Trujillo) y trescientos sesenta soles anuales para los socios transeúntes (gerentes de los bancos). El Club Central fue hace tiempo sinónimo de un club sólo para caballeros - un equivalente al Club Nacional de Lima - pero desde el mes pasado se aprobó una ley para que las damas también puedan ser socias, aunque hasta el momento no hay ninguna.
Golfistas, tenistas, nadadores, futbolistas, voleibolistas, basquetbolistas, corredores. Hombres y mujeres. Vestidos con Lacoste o con un sencillo polo de algodón. Igual la sudan. El Golf y Country Club está conformado por pequeños campos de reunión y de batalla, donde deportistas de todas las edades y todos los background entrenan con disciplina inquebrantable, ya sea bajo el sol o la lluvia. En 1965, Don Guillermo Ganoza Vargas se dio cuenta que faltaba en Trujillo un centro de esparcimiento, uno parecido al Country Club, el que solía visitar en Lima. Entonces, se asoció con un grupo de amigos bajo el nombre “Inmobiliaria Trujillo Country Club S.A.”. Las obras comenzaron en 1966, a cargo del arquitecto Miguel Ángel Ganoza Plaza en un terreno ubicado en la ex – hacienda La Encalada (hoy Urb. El Golf). Una vez inaugurado, familias enteras solían congregarse allí para disfrutar de la piscina y los comedores. Se reunían en los famosos almuerzos dominicales, amenizados por una orquesta local hasta las cinco de la tarde. En ese entonces, para ser socio era obligatorio comprar una acción de la empresa constructora. Hoy, el requisito es llenar el formato de Solicitud de Socio y ser presentado por dos socios activos. La Junta Calificadora evalúa la solicitud y, si es aprobada, es enviada al Directorio para su aprobación. Luego, como Cuota de Ingreso pagará siete mil soles y una mensualidad de ciento veinte soles.
Aunque no tiene el conocido aviso de fondo amarillo con el dibujo en negro de “Hombres Trabajando”, definitivamente el Club Libertad está under construction. Los albañiles circulan. A lo lejos hay indicios de una (re) construcción. Aunque es, evidentemente, un club deportivo, en esencia parece que sus directivos quieren dejar todo en orden para la temporada del concurridísimo Concurso Nacional de Marinera, las salerosas peñas y el níveo Baile del Perol cada verano. Quizá es su única preocupación en esta época, pero no siempre fue así. Fundado en 1886, el Club Libertad nació como una sociedad de tiro al blanco. Un grupo de honorables trujillanos creían con pavor que tras la vergonzosa derrota en la Guerra del Pacífico, llegaría una nueva guerra; por ello decidieron enseñar a los jóvenes como tener una puntería a lo Robin Hood. Con el tiempo se fueron integrando otras actividades deportivas y sociales. En 1960, Don Guillermo Ganoza Vargas le sugirió a su hermano Juan Julio, por entonces presidente del Club Libertad, que organizara un concurso de marinera para reivindicar el valor de nuestra danza. El resto es historia. Para ser socio sólo se necesita pagar un ingreso de dos mil soles y una mensualidad de cien soles.
Eso sí, no olvidar que para entrar a cualquiera de los tres clubes, ser mayor de edad y gozar de una buena reputación.

Agosto 2008
(Publicado en Dia Treinta)

3 comentarios:

abel arturo dijo...

locote tu blog y tu post lokkea el mioo tamos en contacto alamos bye un besote

Edilberto Cabrera dijo...

Si, eso de los clubes tiene de necesidad y terapia. Pero, no me creo que lo primero. No han sido pocas las veces en que he preferido la soledad.

juangarcia dijo...

me parece excelente el blog y tu estilo de escribir es ameno me agrada, sin embargo ya es suficiente de racismo o discriminacion en los textos de lo blogs, seguro que no es tu intencion pero en Trujillo estamos repletos de esa vision primitiva, y tu frescura literaria da para superarlo, con respeto
y sigue no dejes de escribir